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sábado, 9 de noviembre de 2024

Lenin sobre la municipalización de la tierra y el llamado «socialismo municipal» de los mencheviques


«La aproximación de lo uno v lo otro es obra de los propios mencheviques, que consiguieron hacer pasar su programa agrario en Estocolmo, Basta mencionar a dos mencheviques notorios, Kostrov y Larin. 

«Algunos camaradas –decía Kostrov en Estocolmo– parece como si oyesen hablar por primera vez de la propiedad municipal. Les recordaré que en Europa occidental hay toda una corriente [¡nada menos!], el «socialismo municipal» [Inglaterra], que consiste en ampliar la propiedad de los municipios urbanos y rurales y a favor de la cual están igualmente nuestros camaradas. Muchos municipios poseen bienes inmuebles, y esto no contradice a nuestro programa. Ahora tenemos la posibilidad! de conseguir [!] para los municipios, a título gratuito [!!], riqueza inmobiliaria y debemos aprovecharnos de ella. Naturalmente, las tierras confiscadas deben ser municipalizadas». (Kostrov; Discurso en el Vº Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, 1906) 

El ingenuo punto de vista acerca de la «posibilidad de conseguir riquezas a título gratuito» está expresado aquí de un modo incomparable. En lo único en que no pensó el orador es en la razón de por qué esta «corriente» del socialismo municipal, precisamente como corriente especial y sobre todo en Inglaterra, el país tomado en calidad de ejemplo, es una corriente de oportunismo extremo. ¿Por qué Engels, al caracterizar en las cartas a Sorge este oportunismo intelectualista extremado de los fabianos ingleses, señaló el significado pequeñoburgués de sus tendencias «municipalizadoras» [*]?

Larin, al unísono con Kostrov, dice en su comentario al programa menchevique: 

«Es posible que en algunos lugares la administración autónoma local popular pueda con sus propias fuerzas explotar estas grandes: fincas por su cuenta –de la misma manera que, por ejemplo, las dumas urbanas llevan la gestión de los tranvías de caballos y de los mataderos–, y entonces toda (!) la población dispondría de todo el beneficio de las mismas». (Y. Larin; El problema campesino y la socialdemocracia, 1907)

¿Y no la burguesía local, estimado Larín? Se echan de ver al punto las Ilusiones pequeñoburguesas de los héroes pequeñoburgueses del socialismo municipal del Occidente europeo. ¡Se olvida la dominación de la burguesía, se olvida también que sólo en las ciudades que cuentan con un alto porcentaje de población proletaria, se consiguen para los trabajadores algunas migajas de la administración municipal! Pero esto lo decimos de pasada. La falsedad principal de la idea «socialista municipal» de la municipalización de la tierra radica en lo siguiente...

sábado, 1 de enero de 2022

Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas»; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Si bien es cierto que, a diferencia del siglo XIX, en el que las jornadas laborales superaban las doce horas, en la actualidad el tiempo de trabajo se ha reducido a las ocho horas −siempre sobre el papel, está claro−, a lo que debemos sumar toda la serie de tareas y preocupaciones que se generan tanto en el hogar como en el círculo social. La evolución del trabajo en la etapa de los grandes monopolios y las grandes cadenas de montaje derivó, como sabemos, en un sinfín de trabajos cada vez más sencillos, pero a cada cual más tediosamente mecánico. En tiempos de «precarización laboral», al trabajador se le obliga a imbuirse en el maravilloso mundo de los empleos temporales y a la media jornada, al pluriempleo; bien como complemento para su trabajo fijo de 8h o como concatenación de varios pequeños trabajos para sumar un sustento que le permita la subsistencia. (...) Todo esto convierte al trabajador manual en un ser de gran penumbra espiritual, falto de ánimo y autoestima, que debe abstraerse y contentarse pensando que debe «aguantar» en pos de un fin mayor: pagar la hipoteca de la casa, la comida y la vestimenta familiar; en suma, sobrevivir. (...) Pensar tal y como hacen los «reconstitucionalistas», que todo esto no tiene demasiada importancia porque vivimos en plena era digital donde podemos optar a un acceso a la información cien veces mayor, que se han conquistado una serie de derechos o hay acceso a un nivel cultural mayor que hace siglos, es poco menos que una broma, la constatación de la estulticia de su pensamiento, del maremágnum de ignorancia que portan. La mayoría de asalariados que vuelven a casa exhaustos del trabajo no van a decidir espontáneamente indagar sobre qué es eso del marxismo, y los que tienen tal inquietud apenas tienen el tiempo y la vitalidad que quisieran para dedicarle a su formación; el cansancio agota su cuerpo y apaga su espíritu. Por otra parte, el sistema capitalista se ha encargado también de que tengan a su acceso múltiples distracciones banales, actividades de ocio que alejan aún más al trabajador promedio de la teoría revolucionaria. Pensar lo contrario es vivir en una realidad paralela, la cual indica o bien que nunca han experimentado tal sensación o bien que simplemente no saben distinguir entre su mundo subjetivo y el de millones de personas». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas», 2022)


[Obra editada originalmente en 2017, reeditada en 2022]

Preámbulo

«En estos apuntes me he propuesto como tarea indagar qué es lo que ha hecho desvariar a esas gentes que predican, bajo el nombre de marxismo, algo increíblemente caótico, confuso y reaccionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Esta tendencia, que llamamos «reconstitucionalista», quizás sea la más caricaturesca del maoísmo. Se podría decir que son algo así como la personificación real de aquellos jóvenes ficticios que protagonizaban la película de Jean-Luc Godard: «La Chinoise» (1967), quienes causaban la mofa a diestro y siniestro achacando a sus adversarios los mismos defectos que ellos profesaban. Estos creían ciegamente en Mao Zedong sin pararse a analizar nada en lo más mínimo, dedicaban sus tardes a aprenderse y recitar las poéticas citas arregladas del Libro Rojo de Mao como si de profetisas del Oráculo de Delfos se tratasen. Insistían sobre la necesidad de «superar el dogmatismo de la época de Stalin», sentencia a la cual habían llegado no en base a material de primera mano y estudios propios, sino a través de repetir mecánicamente la propaganda de la «Revolución Cultural» y los intelectuales del «Mayo del 68». Hablamos de unos muchachos acomodados que a menudo charlaban entre ellos sobre la idea de cometer atentados terroristas contra los representantes de la universidad o contra los dirigentes del imperialismo, que se comunicaban en un lenguaje indescifrable para las masas… como si todo esto fuera el súmmum de ser revolucionario. Para desgracia nuestra, los maoístas modernos de esta rama llamada «reconstitucionalista» no son personajes ficticios, sino gente de carne y hueso. 

Nos resulta especialmente graciosa esta nueva moda neomaoísta. ¿Qué es este movimiento que se presentó en su día como superador de los errores del Partido Comunista de España (reconstituido)? Una unión de diferentes grupos con inclinaciones maoístas que emergió desde varios afluentes: desde la disidencia maoísta dentro del prorruso Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) hasta pasar por la escisión que sufrió el propio PCE (r) en los años 90 (La Forja, Nº21, 2001). Varias de estas tendencias descontentas se agruparon entre 1994-06 en el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y su órgano de expresión «La Forja». Aunque su proyecto de «reconstitución del partido» fracasó estrepitosamente, desafortunadamente no desaparecieron de la escena. Aunque más fragmentada, esta tendencia se empezó a reagrupar y volvió a publicar bajo expresiones varias: Nueva Praxis (NP), Revolución o Barbarie (RyB), y el Movimiento Anti-Imperialista (MAI). Más tarde, decidieron repetir la historia fundiéndose en un órgano teórico de expresión, «Línea Proletaria» (LR), formando en conjunto el órgano político «Comité por la Reconstitución» (CxR). Pero parece que la «lucha de dos líneas» maoísta no tardó en hacer efecto y hubo varias escisiones como la de Unión Proletaria (UP), cuya notoriedad ha sido y es, también, nula. ¿Qué sorpresa, verdad? 

El lector no debe aterrorizarse si generalmente se pierde con las teorías y expresiones de esta gente, le garantizamos que durante el presente documento recordaremos una y otra vez lo que supone esta sopa de siglas y aclararemos las expresiones barrocas que acostumbran a utilizar para marear la perdiz. Comenzando por el plato fuerte: ¿qué proponen para revertir la deplorable situación en la que estamos? De forma idealista achacan toda equivocación o mal resultado histórico al «agotamiento del Ciclo de Octubre» −coletilla que usarán hasta en la sopa, a modo de cabeza de turco−. A decir verdad, estos señores han venido sufriendo una miopía severa durante décadas a causa de empecinarse en portar unas lentes filosóficas mal graduadas, lo que a la hora de analizar los procesos históricos se ha visto reflejado en un estudio confuso, borroso, deviniendo, por lo tanto, en especulaciones sobre lo que se tiene delante. Esta y no otra es la razón por la que siempre tratan de salvar la situación trayendo a colación machaconamente este eslogan sobre las «limitaciones» del «Ciclo de Octubre», su «Deus ex maquina» preferido, como si con ello se explicasen los interrogantes o equivocaciones de las experiencias desde 1917 hasta hoy; como si esto bastase para sustituir el estudio pormenorizado a base de datos, argumentos y pruebas factuales. Para ellos, en realidad, todo grupo político estuvo y está «poco maoizado», y junto a esto, ninguno ha comprendido ni sabido aplicar los «grandes aportes» del gran «Presidente Gonzalo»; de esta forma dan carpetazo al asunto, prometiendo, eso sí, «futuros estudios» sobre el tema particular, estudios que, como es obvio, jamás llegan. 

viernes, 29 de octubre de 2021

Engels hablando del modelo político-organizativo de Bakunin


«Bakunin, que hasta 1868 había intrigado contra la Internacional, ingresó en ella después del fracaso sufrido en Berna, en Congreso de la Paz, inmediatamente se puso a conspirar desde dentro contra el Consejo General. Bakunin tiene una teoría original, que es una mezcolanza de proudhonismo y comunismo. Por cierto, el punto básico de su proudhonismo es la idea de que el mal más grave, con el que hay que acabar, no es el capital, no es, por tanto, el antagonismo de clase que el desarrollo social crea entre los capitalistas y los obreros asalariados, sino el Estado. Mientras la gran masa de obreros socialdemócratas comparte nuestro punto de vista de que el poder del Estado no es más que una organización adoptada por las clases dominantes –los terratenientes y los capitalistas– para proteger sus privilegios sociales, Bakunin afirma que el Estado es el creador del capital, que el capitalista posee su capital únicamente por obra y gracia del Estado. Y puesto que el Estado es, por tanto, el mal principal, hay que acabar ante todo con él, y entonces el capital hincará el pico por sí solo. Nosotros, en cambio, sostenemos lo contrario: acabar con el capital, que es la concentración de todos los medios de producción en manos de unos pocos, y el Estado se derrumbará por sí solo. La diferencia entre los dos puntos de vista es fundamental: la abolición del Estado sin una revolución social previa es un absurdo; la abolición del capital es precisamente la revolución social e implica un cambio en todo el modo de producción. Pero como para Bakunin el Estado representa el mal principal, no se debe hacer nada que pueda mantener la existencia del Estado, tanto si es una república, como una monarquía o cualquier otra forma de Estado. De aquí, la necesidad de abstenerse por completo de toda política. Cualquier acto político, sobre todo la participación en las elecciones, es una traición a los principios. Hay que hacer propaganda, desacreditar al Estado, organizarse; y cuando se haya conquistado a todos los obreros, es decir, a la mayoría, se liquidan los organismos estatales, se suprime el Estado y se le sustituye por la organización de la Internacional. Este gran acto, que marca el comienzo del reino milenario, se llama liquidación social.

Todo suena a algo muy radical, y es tan sencillo que puede ser aprendido de memoria en cinco minutos. He aquí la razón de que la teoría bakuninista haya encontrado tan pronto una acogida favorable en Italia y en España entre los jóvenes abogados, doctores y otros doctrinarios. Pero las masas obreras jamás aceptarán la idea de que los asuntos públicos de sus respectivos países no son a la vez sus propios asuntos; los obreros son políticos activos por naturaleza, y quien les proponga abandonar la política se verá, tarde o temprano, abandonado por ellos. Predicar a los obreros la abstención política en todas las circunstancias equivale a ponerlos en manos de los curas o de los republicanos burgueses.

martes, 8 de junio de 2021

Notas para la escuela del partido; Elena Ódena; 1981


«A. Generalidades sobre la ideología y la base teórica del Partido

La ideología de todo Partido Comunista –marxista-leninista– es el marxismo-leninismo, cuya base teórica es el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.

No vamos a estudiar aquí a fondo los distintos aspectos de nuestra teoría, ya que hay un tema dedicado a ello. Sólo plantearemos las siguientes definiciones generales para que nos sirvan de punto de orientación y referencia al estudiar el papel histórico del Partido, el trabajo de organización y su funcionamiento orgánico.

Sobre el materialismo dialéctico

Lenin define la «dialéctica», como:

«El estudio, en sentido estricto, de las contradicciones contenidas en la misma esencia de los objetos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Cuadernos Filosóficos, 1915)

El materialismo dialéctico es la concepción filosófica del Partido marxista-leninista. Es la única concepción científica del mundo, que no sólo interpreta el mundo y sus fenómenos, sino que se plantea cómo transformarlo. Es la brújula que muestra al proletariado y a las masas oprimidas el camino de la lucha, la salida de la esclavitud en que los pueblos han vivido y viven desde hace siglos.

Así, en su genial obra sobre el «Materialismo dialéctico y el materialismo histórico», Stalin dice:

«Llámase materialismo dialéctico porque su modo de abordar los fenómenos de la naturaleza, su método de estudiar estos fenómenos y de concebirlos, es dialéctico, y su interpretación de los fenómenos de la naturaleza su modo de enfocarlos, su teoría, materialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y materialismo histórico, 1938)

Y con relación al materialismo histórico, Stalin dice:

«El materialismo histórico es la aplicación de los principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia. La dialéctica es lo contrario de la metafísica». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y materialismo histórico, 1938)

La dialéctica es lo contrario de la metafísica

La dialéctica de Hegel fue la primera en presentar el mundo como un proceso. Pero Hegel era idealista. La base de todo lo existente lo veía en el desarrollo espontáneo de una idea absoluta, existente ya antes en la naturaleza y del hombre. El proceso del pensamiento era para Hegel el creador de lo real.

Por el contrario para Marx, lo ideal no es más que lo material traspuesto e interpretado por el cerebro del ser humano, es decir, Marx parte del principio materialista de que sin materia pensante –el cerebro– no puede concebirse la idea. Marx y Engels, liberaron así a la dialéctica hegeliana de su caparazón idealista, creando la dialéctica materialista, que más tarde fue desarrollada en su aplicación a las leyes de la sociedad por Lenin y Stalin.

martes, 1 de diciembre de 2020

No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todo lo demás efectos puramente pasivos


«Nosotros vemos en las condiciones económicas lo que condiciona en última instancia el desarrollo histórico. Pero la raza es, de suyo, un factor económico. Ahora bien; hay aquí dos puntos que no deben pasarse por alto:

a) El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc., descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y sobre su base económica. No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todo lo demás efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y reacciones, sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia. El Estado, por ejemplo, actúa por medio de los aranceles protectores, el librecambio, el buen o mal régimen fiscal; y hasta la mortal agonía y la impotencia del filisteo alemán por efecto de la mísera situación económica de Alemania desde 1648 hasta 1830, y que se revelaron primero en el pietismo y luego en el sentimentalismo y en la sumisión servil a los príncipes y a la nobleza, no dejaron de surtir su efecto económico. Fue éste uno de los principales obstáculos para el renacimiento del país, que sólo pudo ser sacudido cuando las guerras revolucionarias y napoleónicas vinieron a agudizar la miseria crónica. No es, pues, como de vez en cuando, por razones de comodidad, se quiere imaginar, que la situación económica ejerza un efecto automático; no, son los mismos hombres los que hacen la historia, aunque dentro de un medio dado que los condiciona, y a base de las relaciones efectivas con que se encuentran, entre las cuales las decisivas, en última instancia, y las que nos dan el único hilo de engarce que puede servirnos para entender los acontecimientos son las económicas, por mucho que en ellas puedan influir, a su vez, las demás, las políticas e ideológicas.

b) Los hombres hacen ellos mismos su historia, pero hasta ahora no con una voluntad colectiva y con arreglo a un plan colectivo, ni siquiera dentro de una sociedad dada y circunscrita. Sus aspiraciones se entrecruzan; por eso en todas estas sociedades impera la necesidad, cuyo complemento y forma de manifestarse es la casualidad. La necesidad que aquí se impone a través de la casualidad es también, en última instancia, la económica. Y aquí es donde debemos hablar de los llamados grandes hombres. El hecho de que surja uno de éstos, precisamente éste y en un momento y un país determinados, es, naturalmente, una pura casualidad. Pero si lo suprimimos, se planteará la necesidad de remplazarlo, y aparecerá un sustituto, más o menos bueno, pero a la larga aparecerá. Que fuese Napoleón, precisamente este corso, el dictador militar que exigía la República Francesa, agotada por su propia guerra, fue una casualidad; pero que si no hubiese habido un Napoleón habría venido otro a ocupar su puesto, lo demuestra el hecho de que siempre que ha sido necesario un hombre: César, Augusto, Cromwell, etc., este hombre ha surgido. Marx descubrió la concepción materialista de la historia, pero Thierry, Mignet, Guizot y todos los historiadores ingleses hasta 1850 demuestran que ya se tendía a ello; y el descubrimiento de la misma concepción por Morgan prueba que se daban ya todas las condiciones para que se descubriese, y necesariamente tenía que ser descubierta». (Friedrich Engels; Carta a W. Borgius, 25 de enero de 1894)

El reemplazo de la revolución por la lucha de reformas sociales

Imagen del Xº Congreso del Partido Comunista Italiano de 1962

«La dirección del Partido Comunista Italiano (PCI) habla mucho de las «reformas de estructura», considerándolas como el medio más eficaz para la transformación de la sociedad italiana en las condiciones actuales. Entre estas reformas figuran las reivindicaciones para el aumento de los salarios y para reducción de jornada laboral, la creación de comisiones de fábricas y su uso para ejercer un control sobre su actividad económica y productiva, la implementación de la reforma agraria, la nacionalización de los grandes monopolios, etc. ¿Cuál es la naturaleza de estas reformas? La posición de los dirigentes del PCI sobre esta cuestión es contradictoria. De una parte, dicen que estas reformas tienen un carácter democrático general. Por lo tanto, en su discurso en Moscú, Toglitatti dijo:

«Nosotros comprendemos perfectamente que estas reivindicaciones no son socialistas, sino que son en el fondo, unas reivindicaciones democráticas de carácter progresista». (Palmiro Toglitatti; Discurso pronunciado ante los militantes de base del partido de la cuidad de Moscú, 27 de junio de 1960)

Mientras que por otro lado, dicen que la aplicación de estas reformas es la vía que conduce al socialismo. En el informe: «La vía italiana al socialismo», del 24 de junio de 1956, refiriéndose al programa de estas reformas, Togliatti decía:

«Un movimiento que nosotros podríamos orientar y dirigir en el sentido de estas reivindicaciones y de estas reformas es ciertamente un movimiento hacia el socialismo». (Palmiro Togliatti; Informe presentado en la sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista Italiano, 24 de junio de 1956)

Los dirigentes del PCI se esfuerzan por justificar estas contradicciones refiriéndose a las afirmaciones de Lenin, a saber, que entre la democracia y el socialismo no hay una muralla china, utilizando pues, como argumento el enlace existente entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo. Bien entendido, esta es una tesis justa, pero hay que considerarla de modo dialéctico y no unilateral. Todo el asunto reside aquí en que sólo se destaca manera unilateral la conexión entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo, pero no se dice nada en que se distinguen las dos luchas, ya que, como hacen ellos, limitan la lucha por el socialismo a la lucha por la democracia. Pero esto significa, de hecho, permanecer en el cuadro del orden existente capitalista.

El formalismo en el arte


«Toda corriente del esteticismo burgués y revisionista propaga y sostiene el formalismo separando la forma de las obras de arte de su contenido, relacionando los valores estéticos de estas obras con su sola forma, o bien sobrestimando la forma y subestimando su contenido. Las nuevas doctrinas estéticas  formalistas, aunque utilizan algún nuevo argumento, persiguen, en cuanto al fondo, la línea del antiguo formalismo. De ese modo, la estética formalista modernista especula con la noción «experiencia estética» que ella misma considera como «replegada sobre ella misma», «orientada sobre ella misma», «inmanente», independiente del mundo exterior y capaz de crear ella misma «objeto» estético. El término «objeto» es propio de la estética modernista, pero, en el espíritu de un objetivo idealista, se identifica con un conjunto de sensaciones y de emociones subjetivas privada de todo contenido objetivo. Es pues, la «experiencia estética» que ella misma engendraría el «objeto» de su «contemplación bajo el impulso del subconsciente o de los instintos». Cuidadosa de separar el arte de la realidad, la estética formalista modernista no vacila en identificarse con la estética freudiana, que se pretende una doctrina «original» por no haber existido en el siglo XIX. De hecho, en esta alianza, el formalismo y el freudismo tienden al mismo fin que la teoría del «arte por el arte»: aislando el arte de la vida, creyendo en el indiferentismo social, negando el carácter objetivo de los fenómenos estéticos de la realidad y del contenido objetivo del arte, identificando lo bello a las formas «puras».

Sobre el plan teórico, el esteticismo formalista sostiene y estimula las tendencias regresivas del modernismo en todos los campos del arte. Este es el caso particular de las variantes formalistas como el cubismo y el arte abstracto. El formalismo es al mismo tiempo la síntesis de estas prácticas artísticas.  El formalismo orienta a los artistas hacía experimentos formalistas, carentes de sentido y estériles, les conduce al empobrecimiento de la forma. Separando el arte de la vida, de hecho lo aísla en realidad del factor determinante en la creación de la forma, se empobrece y hace que sobre los términos formales también sea estéril. Por sus teorías formalistas, la burguesía procura mantener el arte ajeno de los conflictos y los dramas sociales, para que éste no refleje las heridas y la putrefacción del régimen burgués, la lucha de las fuerzas progresistas y revolucionarias contra dicho régimen. En uno de los congresos internacionales celebrados recientemente sobre los problemas de la estética, el esteticista estadounidense Monroe subrayó que era más importante para el arte la combinación de colores que la vida de los pobres.

La estética formalista de la burguesía revisionista ha dado otra corriente extremista, la corriente naturalista. Las concepciones estéticas ultranaturalistas ocupan actualmente un lugar importante en la estética burguesa. La burguesía apoya el naturalismo como una alternativa que ofrece a los artistas que se oponen al formalismo. De buenas a primeras, el naturalismo difiere del formalismo, pero desvía el arte del camino de las leyes objetivas de la aprehensión estética de la realidad, empujando a un subjetivismo extremo. A fin de desacreditar al realismo, la estética naturalista lo considera un método «imitado a la búsqueda de la verdad». El naturalismo lucha contra el realismo desde «dentro» acusándolo de «subjetivismo», de haberse apartado de la «verdad total» considerado al realismo un límite de la interpretación y la apreciación en la materia vital. Según los naturalistas, el arte debe reproducir la vida sin hacerse ningún comentario ni interpretación, desde una mirada fría. La estética naturalista exige que, lejos de reflejar caracteres típicos en circunstancias típicas, el arte se ocupe sólo de la descripción de los detalles, los lados fortuitos, absurdos y superficiales de la vida con el fin de presentar al hombre como un simple ser biológico. Describir la vida «sin subjetivismo» y con «objetividad científica» es un eslogan que la burguesía utiliza para propagar entre los artistas y los escritores la idea de adoptar en el arte una posición ideológica no comprometida, para lograr su desideologización. Si ellos adoptaran la «objetividad» e «imparcialidad» reclamada por el naturalismo, los artistas tendrían que tratar en sus obras únicamente aspectos secundarios y características específicas de los objetos y fenómenos de la vida. En vez de llevar a descubrir los estrechos vínculos de los tipos sociales con la vida y las circunstancias sociales, el naturalismo anima a que el arte debe entregarse al juego de las sensaciones e impresiones del momento –esta es la tendencia naturalista del impresionismo–, el zambullirse en el «flujo psíquico», a fijar los procesos psicofisiológicos del subconsciente, los reflejos a las estimulaciones naturales más insignificantes, a los colores y a las luces. Es allí uno de los aspectos de la manifestación del subjetivismo en el arte naturalista. Las variantes naturalistas de la literatura, del expresionismo, del surrealismo y del hiperrealismo modernista son un claro ejemplo. De esta manera, el arte estético naturalista está fijado al extremo opuesto de las leyes de aprehensión estética de la realidad, lejos de la autenticidad artística». (Alfred Uçi; La crisis de la estética burguesa-revisionista, 1984)

lunes, 21 de septiembre de 2020

Lenin contra la teoría del terrorismo excitativo


«En la octavilla tampoco falta la teoría del terrorismo excitativo. «Cada desafío del héroe despierta en todos nosotros el espíritu de lucha e intrepidez», nos dicen. Sin embargo, sabemos por lo pasado y vemos por lo presente que sólo las nuevas formas del movimiento de masas o el despertar de nuevos sectores de las masas a la lucha independiente despiertan de verdad en todos el espíritu de lucha e intrepidez. En cambio, los desafíos, precisamente porque no pasan de ser desafíos, de los Balmashev, causan solo de momento una sensación efímera y llevan a la larga incluso a la apatía, a la espera pasiva del desafío siguiente. Se nos asegura más adelante que «cada relámpago de terrorismo da luz a la inteligencia», lo cual no advertimos, lamentablemente, en el Partido de los Socialistas-Revolucionarios, que preconiza el terrorismo. Se nos ofrece una teoría de la labor minúscula y de la gran obra. «Quien tenga más fuerzas y mayores posibilidades y decisión no debe darse por satisfecho con la labor minúscula (!), debe buscar y entregarse a una gran obra: la propaganda del terrorismo entre las masas (!), la preparación de complicadas –¡se ha olvidado ya la teoría de la calidad de incapturable!– empresas terroristas». ¿Verdad que resulta inteligente a maravilla? Entregar la vida de un revolucionario para vengarse del canalla Sipiaguin y sustituirlo por el canalla Plehve es una gran obra. Pero preparar, por ejemplo, a las masas para una manifestación armada es una labor minúscula. Revoliutsionnaya Rossia explica esto en su número 8, al declarar que de las manifestaciones armadas «es fácil hablar y escribir como de algo perteneciente a un futuro lejano e impreciso»; «pero todas estas peroratas han tenido hasta ahora un carácter solo teórico». ¡Qué bien conocemos este lenguaje de quienes se sienten libres de las incomodidades que implican las firmes convicciones socialistas y de la gravosa experiencia de todos los movimientos populares, cualesquiera que sean! Esas personas confunden lo tangible y los resultados inmediatos sensacionales con su importancia práctica. Para ellas, la exigencia de sustentar con firmeza el criterio clasista y velar por el carácter masivo del movimiento es «teorización imprecisa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Aventurerismo revolucionario, 1902)

viernes, 1 de mayo de 2020

¿Hegealismo de izquierda o marxismo como modelo a seguir en la cuestión nacional?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Aunque hoy conozcamos la enorme transcendencia del marxismo en lo tocante a la cuestión nacional, éste tampoco estuvo exento de errores iniciales a la hora de formular la cuestión. Las conclusiones que hoy conocemos son fruto de la superación de contradicciones iniciales en el propio movimiento. En su juventud, Marx y Engels estuvieron influenciados por la teoría de los «pueblos sin historia». ¿Acaso debemos olvidar que la tesis de los «pueblos sin historia» fue cocinada para satisfacer al nacionalismo alemán emergente con el fin de justificar su expansión en detrimento de los pueblos eslavos y otros como el magiar? ¿No es cierto que nació para justificar las conquistas coloniales europeas?:

«China y la India se hallan todavía, por decirlo así, fuera de la historia universal; son la suposición de los momentos cuya conjunción determina el progreso viviente de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)

Pongamos otro ejemplo:

«El que quiera conocer manifestaciones terribles de la naturaleza humana, las hallará en África. Lo mismo nos dicen las noticias más antiguas que poseemos acerca de esta parte del mundo; la cual no tiene en realidad historia. Por eso abandonamos África para no mencionarla ya más. No es una parte del mundo histórica; no presenta un movimiento ni una evolución, y lo que ha acontecido en ella, en su parte septentrional, pertenece al mundo asiático y europeo. (...) Lo que entendemos propiamente por África es algo aislado y sin historia, sumido todavía por completo en el espíritu natural, y que solo puede mencionarse aquí, en el umbral de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)

Esto, por desgracia, era una nota común en la mayoría de pensadores avanzados de esta época. En España, pensadores como Larra promulgaban barbaridades análogas:

«Razón han tenido los que han atribuido al clima influencia directa en las acciones de los hombres; duros guerreros ha producido siempre el norte, tiernos amadores el mediodía, hombres crueles, fanáticos y holgazanes en Asia, héroes la Grecia, esclavos el África. (…) Cada país tiene sus producciones particulares». (Mariano José de Larra; La planta nueva o el faccioso. Historia natural, 1833)

lunes, 16 de marzo de 2020

Lenin contra el objetivismo burgués en la historia


«El rasgo principal de los razonamientos del autor, señalado ya desde el comienzo, es su estrecho objetivismo, que se limita a demostrar la inevitabilidad y la necesidad del proceso, y no hace ningún esfuerzo por descubrir en cada fase concreta de este proceso la forma de contradicción de clases que le es inherente; objetivismo que caracteriza el proceso en general pero no, por separado, las clases antagónicas de cuya lucha nace el proceso en cuestión. (...) El objetivista habla de la necesidad de un proceso histórico dado; el materialista hace constar con precisión que existen la formación económico-social dada y las relaciones antagónicas engendradas por ella. Al demostrar la necesidad de una serie dada de hechos, el objetivista siempre corre el riesgo de convertirse en un apologista de estos hechos; el materialista pone al desnudo las contradicciones de clase y, al proceder así, fija ya su posición. El objetivista habla de «tendencias históricas insuperables»; el materialista habla de la clase que «dirige» el régimen económico dado creando determinadas formas de reacción de las otras clases. Como vemos, el materialista es, por una parte, más consecuente que el objetivista y aplica su objetivismo con mayor profundidad y plenitud. No se limita a señalar la necesidad del proceso, sino que determina con exactitud qué formación económico-social es precisamente la que da su contenido a ese proceso, qué clase, precisamente, determina esa necesidad. En el caso dado, por ejemplo, el materialista no se limitaría a hacer constar que hay «tendencias históricas insuperables», sino que señalaría la existencia de ciertas clases que determinan el contenido del régimen dado y excluyen cualquier posibilidad de salida que no sea a través de la acción de los productores mismos. Por otra parte, el materialismo presupone el partidismo, por decirlo así, e impone siempre el deber de defender franca y abiertamente el punto de vista de un grupo social concreto siempre que se enjuicie un acontecimiento». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve; A propósito del libro de P. Struve «Notas críticas acerca del desarrollo económico de Rusia», 1894)

miércoles, 26 de febrero de 2020

El Partido del Trabajo de Albania sobre el tratamiento y la correcta solución de las contradicciones en la sociedad socialista; Ismail Lleshi, 1984

Ya vimos en otras ediciones los análisis de los marxista-leninistas albaneses sobre el correcto o erróneo trato de las contradicciones en la sociedad socialista. Véase la obra de Foto Çami: «Contradicciones, clases y lucha de clases en el socialismo» de 1980, o la obra de Jorgji Sota: «Sobre la dictadura del proletariado y la lucha de clases en Albania» de 1983. Esta obra es otra pieza más al mural de grandes análisis realizado por los eruditos albaneses.

El autor Vasillaq Kureta fue un reputado filósofo marxista-leninista que destapó durante décadas las taras de los esquemas filosóficos de las principales corrientes del revisionismo moderno. Puede verse sus famosas críticas al revisionismo soviético en su obra: «Distorsiones de los revisionistas soviéticos en el campo de la filosofía» de 1981, o la obra de Vasillaq Kureta: «Las concepciones antimarxistas de los revisionistas soviéticos sobre el problema de las contradicciones en el socialismo» de 1989.

El valor de este tipo de obras filosóficas es incalculable y no ha sido apreciado en su justa medida por los marxista-leninistas de nuestros días, y esto es normal, porque la mayoría de los autodenominados «marxista-leninistas», incluyendo en el saco a los que dicen ser críticos con el jruschovismo-brezhnevismo, en realidad se han estado formando exclusivamente en manuales de filosofía del revisionismo soviético, y lo que es realmente el problema: sin criticismo alguno.

Las críticas en el campo filosófico que se vierten en el documento sobre el revisionismo soviético vuelve a demostrar que en el Partido del Trabajo de Albania siguió albergando grandes teóricos tras la muerte de Enver Hoxha en 1985. Pero también demuestra que teniendo este precioso legado teórico-práctico los cuadros albaneses del partido descuidaron las advertencias de Enver Hoxha y el PTA de años anteriores sobre el peligro de restauración capitalista, bien porque algunos viendo estos análisis creyeron estar ya inmunizados ante el peligro del revisionismo, o bien porque otros lo aceptaban formalmente de buen grado pero jamás llegaron a comprenderlos y aplicarlos. Algo imperdonable. 

Prueba que pese al lento y gradual proceso de falta de vigilancia y de pérdida del espíritu revolucionario en el PTA existían aún verdaderos análisis marxista-leninistas en lo internacional, ello pese a los errores en materia de política exterior que el gobierno de Ramiz Alia cuando comenzó a conciliar abiertamente en lo ideológico con los regímenes imperialistas y revisionistas, lo cual hace más meritorio estos análisis. Estos fenómenos negativos lejos de ser denunciados por el resto de partidos marxista-leninistas como una señal de alerta, como el posible el germen de un posible proceso de degeneración interno, fueron ignorados o aplaudidos por mero seguidismo, ya que también la mayoría de partidos marxista-leninistas habían generado a mediados de los 80. Aún así es importante apuntar que que a diferencia del rápido cambio de rumbo práctico y de discurso de los jruschovistas en la URSS, en el caso de Albania el revisionista emboscado Ramiz Alia no salió tan abiertamente de su cueva, en cuestiones como: la valoración negativa del legado de Stalin y Hoxha, la petición de créditos, la descolectivización, la adhesión al FMI, la distensión con las superpotencias, el pluralismo de partidos, teorizar sobre una economía descentralizada, la composición social del partido de intelectuales, la rentabilidad como principio rector de las empresas, cuestiones que solamente fueron enunciadas abiertamente en 1990. Durante los años anteriores o bien había cumplido con los axiomas básicos del marxismo-leninismo o los había enunciado en la teoría para pisotearlos en la práctica. Esto explica la dificultad de detectar para los marxista-leninistas albaneses y del mundo este proceso regresivo, aunque no justifica que no supiesen reaccionar desde los primeros síntomas teniendo como decíamos tantos análisis y reflexiones sobre los procesos de restauración capitalista en otros países.

De todos modos, recomendamos al lector que lea nuestro extenso análisis sobre la degeneración del socialismo albanés en el capítulo: «El PCE (m-l) y la cuestión albanesa» de 2019.

Estos análisis de los albaneses, beben de los análisis que ya esgrimieron los filósofos soviéticos en época de Stalin:

«La sociedad socialista no conoce contradicciones antagónicas, ya que en su seno no existen clases explotadas y clases explotadoras. Contradicciones antagónicas sólo existen entre la URSS, país que construye el socialismo , y el cerco capitalista; así como entre el Estado socialista y los restos de las destruidas clases enemigas que el cerco capitalista alimenta y sostiene dentro de la URSS». (Mark Moisevich Rosental; El método dialéctico marxista, 1946)

Esto se explica mucho más extensamente en el olvidado manual de «Materialismo histórico» de 1950.

Es evidente la coincidencia entre los marxista-leninistas soviéticos y los albaneses en que ambos reconocían que las contradicciones antagónicas no son propias ni producto del socialismo, sino herencia del régimen anterior –en lo interno– y la influencia del cerco capitalista –en lo externo– hacia la sociedad socialista. Ciertamente los albaneses después de la restauración del capitalismo en la URSS insistían mucho además en la posibilidad de la conversión de las contradicciones no antagónicas en antagónicas –como no podía ser de otra manera–. Pero esto jamás fue descartado en los marxista-leninistas soviéticos en sus trabajos teóricos como demuestran diversos textos sino que en la praxis, captaban perfectamente cuando las contradicciones se tornaban en antagónicas; de ese modo, cuando el desviacionista se convertía en un infractor que ponía en peligro al sistema no había miramientos –véase la reintroducción de la pena de muerte en el Caso de Leningrado de 1949–. Esto refuta la tendenciosa manipulación de los maoístas que critican a los marxista-leninsitas soviéticos insinuando que eran tan necios como para creer que no había posibilidad de restauración del socialismo. Pero Stalin era plenamente consciente de esto, y sus obras tanto oficiales como no oficiales así lo corroboran –otra cosa es que la mayoría desconozca tales textos–. Véase nuestra obra: «Mentiras y calumnias de la historiografía burguesa-revisionista de Mao Zedong y el revisionismo chino sobre Stalin» de 2014.

[Como apunte final... decir que el responsable de la traducción del presente texto fue «Tiempos Rojos», un medio que en su momento contó con grandes materiales sobre la historia del marxismo-leninismo. Este y otros como «Crítica marxista-leninista» llevaron a cabo varias traducciones de gran valor sobre los comunistas albaneses que sin duda recomendamos. Pero no podemos pasar por alto que desde el principio contaban con materiales y comentarios entre algunos de sus redactores, como Thiago R, que evidenciaban ser afines a la teoría oportunista de «superar la nefasta polémica entre Mao y Hoxha», tratando de «recuperar el carácter revolucionario de Mao». Esto demostraba, como ya manifestamos en varias ocasiones, que estos autores pese a tener una gran biblioteca en sus manos no comprendían nada de las obras de los albaneses que tenían entre manos. Ninguno de estos medios se caracterizaron por tener análisis propios ni tampoco muy extensos, pero al menos cumplían un papel positivo en cuanto a recuperación de documentación. Poco después ambos sucumbieron, según confesaron algunos de sus miembros, por trifulcas y escisiones entre maoístas y antimaoístas. Lo que demuestra una vez más que el eclecticismo y las medias tintas contra el revisionismo solo conducen al cinismo y al fracaso.]

El documento:


«Algunas de las cuestiones más fundamentales concernientes al problema de las contradicciones en la sociedad socialista han cobrado una particular importancia en el proceso de lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo, debido a que diversas variantes del revisionismo moderno especulan en torno al problema de las contradicciones en el socialismo.

El Partido del Trabajo de Albania (PTA) se ha atenido consecuentemente en toda su actividad revolucionaria a la tesis científica marxista-leninista de que las contradicciones existen en todo lugar y en cada aspecto de la vida social, en la esfera productiva material y espiritual, de que la ley dialéctica del desarrollo por medio de la lucha de contrarios, en tanto que ley universal, actúa también en la sociedad, de que, también aquí, sin lucha por la superación de las contradicciones, su desarrollo seria imposible.

martes, 25 de febrero de 2020

Afirmar que la autodeterminación es superflua bajo el socialismo, es tan absurdo y confuso como decir que la democracia es superflua bajo el socialismo



«No se puede ser demócrata y socialista sin exigir de inmediato la plena libertad de divorcio, pues la ausencia de tal libertad es una opresión adicional del sexo oprimido, aunque no es difícil comprender que el reconocimiento de la libertad de dejar al marido ¡no es una invitación a que lo hagan todas las esposas! (...) Cuanto más aplia sea la libertad de divorcio, tanto más claro será para la mujer que la fuente de su «esclavitud doméstica» es el capitalismo y no la falta de derechos. Cuanto más amplia sea la igualdad de derechos de las naciones –que no es completa sin la libertad de separación–, tanto más claro será para los obreros de las naciones oprimidas que la causa de su opresión es el capitalismo y no la falta de derechos, etc. (...) Debe repetirse una y otra vez: es molesto machacar el abecé del marxismo, pero, ¿qué podemos hacer si P. Kíevski no lo conoce? (...) En el fondo sólo queda en pie un argumento: ¡la revolución socialista lo resolverá todo! O el argumento que suelen esgrimir quienes comparten sus puntos de vista: la autodeterminación es imposible bajo el imperialismo y está demás en el socialismo. Desde el punto de vista teórico este criterio es absurdo; desde el punto de vista práctico y político es chovinista. No valora la significación de la democracia. Pues el socialismo es imposible sin democracia, porque: (1) el proletariado no puede llevar a cabo la revolución socialista si no se prepara para ella luchando por la democracia; (2) el socialismo triunfante no puede consolidar su victoria y llevar a la humanidad a la extinción del Estado, sin la realización de una democracia completa. Decir que la autodeterminación es superflua bajo el socialismo, es tan absurdo y tan irremediablemente confuso como decir que la democracia es superflua bajo el socialismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el «economicismo imperialista», 1916)

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domingo, 15 de diciembre de 2019

Lenin en relación a las premisas de una insurrección victoriosa...


«Un complot militar pertenece al blanquismo puro si no está organizado por el partido de una clase determinada; si sus organizadores no han apreciado justamente el momento político en general y la situación internacional en particular; si no cuentan con la simpatía –demostrada con hechos– de la mayoría del pueblo; si el curso de la revolución no ha destruido las ilusiones y las esperanzas de la pequeña burguesía en cuanto a la posibilidad y a la eficacia del acuerdo entre las clases; si los organizadores del complot no han conquistado la mayoría, en el seno de los órganos de la lucha revolucionaria, «provistos de plenos poderes» o, al igual que los Soviets, con un lugar importante en la vida de la nación; si no hay en el ejército –en tiempos de guerra– una determinada hostilidad frente al gobierno que prolonga una guerra injusta, contra la voluntad del pueblo; si las consignas de la insurrección –«Todo el poder para los Soviets», «La tierra para los campesinos», «Propuesta inmediata a todos los Estados beligerantes de una paz democrática», «Anulación inmediata de los tratados secretos», «Abolición de la diplomacia secreta», etc.– no cuentan con una amplia difusión y con la mayor popularidad; si los obreros avanzados no están convencidos de la situación desesperada de las masas y asegurados del apoyo de los campesinos –apoyo demostrado por un importante movimiento campesino, o por una sublevación de gran envergadura, contra los propietarios y el gobierno que los defiende–; si la situación económica permite esperar realmente una solución favorable de la crisis, por medios pacíficos y por vía parlamentaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a los camaradas, 1917)

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El socialismo burgués o conservador


«Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.

Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.

Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales. Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon.

Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado. Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles. El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma.

Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida. Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las «condiciones materiales de vida» la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo –en el mejor de los casos– para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.

Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.

¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora! Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués.

Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del partido comunista, 1848)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Un tiempo antes, Engels describiría esta tendencia, como una ideología basada en gente que:

«Consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir». (Fridrich Engels; Principios del comunismo, 1847)

lunes, 11 de noviembre de 2019

En el socialismo a diferencia del capitalismo, la cuestión nacional será resuelta de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las «simpatías» de la población


«Todos los indicios señalan que el imperialismo dejará en herencia al socialismo, su sucesor, fronteras menos democráticas, una serie de anexiones en Europa y otras partes del mundo. ¿Y qué? ¿El socialismo victorioso, restableciendo y aplicando a fondo la democracia plena en toda la línea, se negará a la determinación democrática de las fronteras del Estado? ¿No querrá tomar en cuenta «las simpatías» de la población? Basta formular estas preguntas para ver claramente cómo nuestros colegas polacos van rodando del marxismo al «economismo imperialista». Los viejos «economistas», trasformando el marxismo en una caricatura, enseñaban a los obreros que para los marxistas «sólo» es importante «lo económico». Los nuevos «economistas» piensan que el Estado democrático del socialismo victorioso existirá sin fronteras –una especie de «complejo de sensaciones» sin materia–, o bien que las fronteras serán determinadas «exclusivamente» de acuerdo con las necesidades de la producción. En realidad, estas fronteras serán determinadas de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las «simpatías» de la población. El capitalismo pisotea estas simpatías, y con eso añade nuevas dificultades a la causa de la amistad entre las naciones. El socialismo, al organizar la producción sin opresión de clase, al garantizar el bienestar de todos los miembros del Estado, da libertad plena a las «simpatías» de la población, y por consiguiente facilita y acelera enormemente la amistad y unión de las naciones. (...) Bajo el capitalismo no es posible suprimir la opresión nacional –ni la opresión política en general–. Para ello es imprescindible suprimir las clases, es decir, implantar el socialismo. Pero si bien el socialismo se basa en la economía, dista de resumirse en ella. Para eliminar la opresión nacional hace falta una base –la producción socialista–, pero sobre esta base son necesarios, además, la organización democrática del Estado, el ejército democrático, etc. Al trasformar el capitalismo en socialismo, el proletariado crea la posibilidad de eliminar totalmente la opresión nacional; esta posibilidad se convertirá en realidad «sólo» –¡«sólo»!– con la aplicación integral de la democracia en todas las esferas, incluyendo la determinación de las fronteras de acuerdo con las «simpatías» de la población, incluyendo la plena libertad de separación. Sobre esta base, a su vez, se desarrollará en la práctica la eliminación absoluta hasta de los menores rozamientos nacionales, de la más mínima desconfianza nacional, se acelerarán la amistad y la unión de las naciones, lo que culminará con la extinción del Estado. Esta es la teoría del marxismo, de la cual se apartaron equivocadamente nuestros camaradas polacos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)

jueves, 31 de octubre de 2019

Carta a los miembros del partido bolchevique; Lenin, 1917

Kámenev y Zinóviev

«
Camaradas: aún no he podido obtener los periódicos de Petersburgo del miércoles 18 de octubre. 

Cuando me informaron telefónicamente del texto completo de la declaración de Kámenev y Zinóviev, aparecida en Nóvaia Zhizn, periódico ajeno al partido, no quise creerlo. Pero como ha quedado demostrado, no hay lugar a dudas, y tengo que aprovechar esta oportunidad para hacer llegar una carta a los miembros del partido, el jueves por la noche, o el viernes por la mañana, pues permanecer en silencio ante tal inaudita acción de romper huelgas sería un crimen.

Cuanto más serio es el problema práctico y más responsables y «notorias» las personas que actúan como rompehuelgas, más peligroso es esto, más resueltamente hay que expulsar a los rompehuelgas y más imperdonable sería detenerse siquiera a considerar los pasados «servicios» de los rompehuelgas.

¡Increíble! En los círculos del partido se sabe que el partido viene discutiendo el problema de la insurrección desde el mes de setiembre. Nadie oyó jamás hablar de ninguna carta o volante de las personas nombradas. Y hoy, en vísperas, podría decirse, del Congreso de los Soviets, dos destacados bolcheviques se alzan contra la mayoría y, evidentemente, contra el Comité Central (CC). Esto no se dice abiertamente, pero el daño inferido a la causa es tanto mayor, pues hablar con insinuaciones es más peligroso aun.

Del texto de la declaración de Kámenev y Zinóviev se deduce muy claramente que éstos se han alzado contra el CC, pues de otro modo su declaración no tendría sentido. Pero no dicen qué resolución específica del CC refutan ellos. 

miércoles, 30 de octubre de 2019

¡Nada de privilegios para ninguna nación, para ningún idioma! ¡Ni la menor opresión, ni la más mínima injusticia respecto de una minoría nacional!


«En nuestros días, sólo el proletariado defiende la verdadera libertad de las naciones y la unidad de los obreros de todas las nacionalidades. Para que las distintas naciones convivan en paz y libertad o se separen –si es más conveniente para ellas– y formen diferentes Estados, es indispensable la plena democracia, defendida por la clase obrera. ¡Nada de privilegios para ninguna nación, para ningún idioma! ¡Ni la menor opresión, ni la más mínima injusticia respecto de una minoría nacional!: tales son los principios de la democracia de la clase obrera (…) Los obreros con conciencia de clase son partidarios de la total unidad entre los obreros de todas las naciones en todas las organizaciones obreras de cualquier tipo: culturales, sindicales, políticas, etc. (…) Los obreros no permitirán que se los divida mediante discursos empalagosos sobre la cultura nacional o «autonomía cultural». Los obreros de todas las naciones defienden juntos, unánimes, la total libertad y la total igualdad de derechos, en organizaciones comunes a todos, y esa la garantía de una auténtica cultura. (…) Al viejo mundo, al mundo de la opresión nacional, los obreros oponen un nuevo mundo, un mundo de unidad de los trabajadores de todas las naciones, un mundo en el que no hay lugar para privilegio alguno ni para la menor opresión del hombre por el hombre». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La clase obrera y el problema nacional, 1913)

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domingo, 20 de octubre de 2019

¿Qué es el llamado derecho a la autodeterminación para los marxista-leninistas?


«Nuestro programa sobre la autodeterminación de las naciones sólo puede ser interpretado en el sentido de la autodeterminación política, es decir, el derecho a la separación y a la formación de un Estado de manera independiente. (…) El reconocimiento por el Partido Socialdemócrata del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación requiere que los socialdemócratas (a) sean incondicionalmente hostiles al empleo de la fuerza, en cualquiera de sus formas, por parte de la nación dominante –o la nación que constituye la mayoría de la población– para con la nación que desee separarse políticamente; (b) exijan la solución del problema de tal separación sólo sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto de la población del territorio correspondiente; (c) libren una lucha implacable, tanto contra los partidos centurionegristas octubristas como contra los liberales burgueses –«progresistas», kadetes, etc.– en todas las ocasiones en que ellos defiendan o permitan la opresión nacional, en general, o nieguen el derecho de las naciones a la autodeterminación en particular. 4. El reconocimiento por el partido socialdemócrata del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación no significa en modo alguno que los socialdemócratas renuncien a una apreciación independiente de la conveniencia de la separación estatal de una u otra nación en cada caso concreto». (VladimirIlich Uliánov, Lenin; Tesis sobre el problema nacional, 1913)

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